El género sandbox siempre ha destacado por ofrecer un mundo lleno de posibilidades, en el que la exploración y la creatividad marcan el ritmo. ¿Pero qué pasa si a todo esto se le añade un plataformeo divertido, una estética muy wholesome y gatitos por doquier? Pues que sale una joyita como Kity Builder, juego desarrollado por el Team Kity, conformado por Mau “Sambero” Rodríguez Vila, Adrián “Irx99” González Hornillos, Yeray Toledano Castilla y Juan “Hust” Novella.
Entre planos perdidos y personajes miau-ravillosos
El juego comienza presentándonos a Kity, un gatito constructor de Cat Building SA que, en un día soleado, zarpa a la isla en la que tendrá que realizar un encargo: construir una ciudad. Pero todo no podía ser tan perfecto, y tras chocar su barco, pierde todos los planos de construcción y despierta en la orilla de la isla viendo cómo este se hunde. Es en ese mismo momento que, Nekko, su jefe (y anterior miembro de la Nyakuza para quien le interese), le llama para para saber su situación, y su reacción nos hace ver que no es la primera vez que estas cosas le ocurren a Kity. Debido a la negativa del jefe de mandarle otro barco hasta que termine su encargo, Kity decide ir a hablar con el cliente: el egocéntrico alcalde Mewyor que quiere que le construya la mejor ciudad de todas.
Aquí comienza la aventura de Kity en la isla, en la que recoger todos los planos dispersos por la isla será la clave para construir la ciudad más cuca, grande y bonita de todas, para que así el alcalde Mewyor pueda ser alcalde, y el mejor de ellos. Pero una ciudad no se termina solo con planos: Kity deberá conocer a sus habitantes, escucharlos y adaptar cada rincón de la ciudad a sus gustos y necesidades.

La presentación de los personajes en Kity Builder es tan caricaturesca como encantadora, y sus diálogos se convierten en uno de los grandes puntos fuertes del juego. Cada personaje, sin excepción, rebosa carisma: desde Pawless, el gatito espíritu, hasta el científico loco H. Jack, la tímida gatasirena Catfish o el hado ecológico Catnip. Todos aportan un toque de humor y personalidad que hace que el mundo del juego se sienta vivo, sacándote más de una sonrisa (y el hecho de que Catnip y H. Jack estén enganchados a los Kat-Dramas es simplemente un puntazo).
La historia, aunque sencilla, está llena de momentos divertidos y situaciones que se disfrutan de principio a fin. No es muy extensa, pero al completarla se desbloquean nuevas posibilidades que enriquecen enormemente la experiencia de juego: podremos construir libremente donde queramos, apilar torres de edificios o incluso construir en paredes, lo cual aporta mucha más profundidad al plataformeo y permite alcanzar lugares antes inaccesibles. Además, también se desbloquea el uso del barco, con el que podremos viajar hasta islas lejanas en busca de nuevos planos. Todo esto, sumado a las horas de exploración y decoración que ofrece, Kity Builder tiene la duración de todo sandbox: la que tú decidas.

Michiobras en curso
El juego se cimenta en tres grandes pilares: el plataformeo, la construcción y la exploración.
El plataformeo es una mecánica clave en Kity Builder, ya que nos permite explorar todos los lugares recónditos de la isla y encontrar los planos que se encuentran dispersos en ella. Las construcciones no solo sirven para levantar la ciudad soñada por el alcalde Mewyor, sino que cumplen una función esencial: son nuestras herramientas para avanzar, saltar y alcanzar zonas que de otra forma estarían fuera de nuestro alcance. Y está muy pensado para ser muy accesible a grandes rasgos, lo que lo hace un juego muy recomendable para todo tipo de jugadores, y que garantiza momentos divertidos y desafiantes sin llegar a frustrar. Por otro lado, como juego protagonizado por un gatito, el agua es nuestro enemigo natural: tocarla equivale a “morir”, aunque sin castigo alguno, ya que simplemente reapareceremos en el último lugar en el que estuvimos. Además, si durante el plataformeo nos quedamos atascados—algo que puede pasar—, el juego ofrece una solución práctica y muy agradecida: la opción del menú “¡Ayuda! Estoy atrapado”, que nos teletransporta de vuelta al punto inicial sin perder el progreso.

La construcción, como en cualquier sandbox, es un elemento primordial, y en este juego no podría ser posible sin la exploración. Para desbloquear nuevos elementos y estructuras, tendremos que recorrer cada rincón de la isla en busca de planos de construcción. La isla, dividida en distintos biomas y zonas, hace que el mapa nunca se sienta repetitivo y busque desafiar tanto la creatividad a la hora de construir la ciudad como de avanzar en el plataformeo. El sistema de construcción es muy sencillo: desde el menú de construcción podremos seleccionar el objeto que queremos colocar, rotarlo y movernos libremente hasta encontrar el lugar perfecto en el que construirlo. Si queremos eliminar algo, bastará con entrar de nuevo al menú y seleccionar el martillo. Y aunque pueda parecer un detalle menor, resulta encantador ver cómo los gatitos residentes reaccionan a nuestras creaciones: se alegran cuando construimos y se entristecen cuando destruimos algo, dando esto una sensación de que generamos un impacto en el mundo que, aunque sutil, refuerza el vínculo con lo que estamos construyendo.

Pero estos tres pilares anteriormente mencionados no son todo aquello que nos aporta Kity Builder, puesto que no hay nada que fomente más este juego que la creatividad en un entorno mono y relajante.
Puedes ser todo lo creativo que te propongas, pudiendo añadir elementos decorativos allá donde vayas, y personalizando cada rincón de la isla a tu gusto, sin límites. Te encontrarás pasando horas y horas decorando puesto que, aunque la variedad de construcciones no sea inmensa, las herramientas que iremos desbloqueando a lo largo del juego amplían muchísimo las posibilidades, pudiendo crear zonas claramente diferenciadas que aporten mucha personalidad al entorno. Estas herramientas se obtienen ayudando a los vecinos de la ciudad. Por ejemplo, con la R00MB4 podremos dibujar caminos por el suelo de forma muy divertida, ya que se controla como un pequeño vehículo. Eso sí, confieso que me habría gustado que los caminos se trazaran de forma más limpia o recta automáticamente, pero debo recalcar que aquí hablan más mis manías perfeccionistas constructoras que otra cosa. Más adelante desbloquearemos también la habilidad de poder cambiar la paleta de colores de nuestras construcciones, lo que añade más dinamismo a las construcciones y permite hacer zonas más diferentes visualmente. Y por supuesto, como nuestro jefe Nekko nos recalca, deberemos hacer fotos para que nuestra empresa tenga visibilidad en las redes, por lo que tendremos nuestro michi dron-cámara con la que hacer fotos, teniendo así un modo foto muy divertido y adorable. Por último, para facilitar los desplazamientos, también podremos colocar tuberías por la isla, que nos servirán como atajos para movernos más rápidamente entre las distintas áreas decoradas.

Así, a medida que vas avanzando y añadiendo elementos, notarás como la ciudad cobra vida: los habitantes gatunos tanto de la ciudad como de la isla irán aumentando y poblando cada parte, llenando de vida cada rincón, y haciéndote sentir muy orgulloso de cómo ha quedado todo. Además, el juego no exige precisión ni perfección: solo te invita a disfrutar, a relajarte, y a dejarte llevar mientras decoras tu isla con calma, siendo tu única preocupación decidir dónde irá tu próxima construcción.

Pixel purrfect con melodías mulliditas
El apartado artístico del juego encapsula perfectamente la nostalgia pixel art pero con un estilo propio y muy encantador. Tanto el diseño de los personajes como el del mundo se nota que están muy trabajados y encajan a la perfección, creando un entorno visual que resulta muy wholesome desde el primer momento, siendo el michi sol el mayor responsable de ello. La paleta de colores elegida contribuye enormemente a esa atmósfera cozy, ideal para perderse durante horas mientras construimos y exploramos al ritmo de una banda sonora relajante. Un detalle que refuerza aún más esta sensación es el ciclo día-noche, que transforma la isla en distintos momentos del día y nos permite disfrutar tanto de un atardecer dorado como de una noche iluminada por farolas y construcciones. Destaco también lo currado que está el hecho de que prácticamente todos los elementos del juego sean gatitos o tengan elementos gatunos: desde los arbustos, hasta los árboles y montañas, reforzando esto la identidad del juego. Con respecto al pixel art, es cierto que el efecto pixelado del entorno puede dificultar en ocasiones la visibilidad de objetos lejanos y dificultar un poco la orientación, pero por suerte el juego permite ajustar este nivel de pixelación en las opciones de vídeo, o incluso desactivarlo por completo si así lo preferimos.
La música en Kity Builder acompaña a la perfección el estilo visual del juego, con melodías suaves y tranquilas que invitan a la calma y encajarían sin problema en una lista de reproducción para estudiar, relajarse o simplemente desconectar. Es un toque que suma un montón el hecho de cómo se adapta también este aspecto al ciclo día-noche: los temas varían según la hora del día, lo que añade dinamismo y refuerza la inmersión en la atmósfera del juego, siendo la noche mi momento favorito por el encanto de su música.

Conclusión
Kity Builder es un juego muy completo que ofrece una experiencia divertida, variada y fresca dentro del género sandbox. Su historia simpática y sus misiones llenas de humor y creatividad nos invitan a explorar cada rincón de la isla mientras la transformamos a nuestro gusto, sin caer en la repetitividad en ningún momento. Puedes pasar horas construyendo, decorando y dando vida a un lugar único repleto de referencias gatunas, ideal tanto para cualquier fan de los gatitos como para quienes busquen un juego relajante con el que desconectar. Sin pensarlo dos veces, me apuntaría a vivir en cualquier lugar construido por Kity.
Autor
Psicóloga, amante de los videojuegos y fascinada por la tecnología desde que aprendí a encender un ordenador por primera vez.

