Confieso que soy una de esas personas que ha tardado más de la cuenta en descubrir la maravillosa experiencia que es completar una Escape Room. Es el videojuego trasladado a la realidad: pone a prueba nuestra habilidad e inteligencia, nos obliga a trabajar en equipo y, lo que marca la diferencia, la inmersión es total, la realidad desaparece y entramos de lleno en una nueva dimensión. La popularidad de las escape room va in crescendo, también en el formato digital, tanto que ya podemos hablar de un subgénero dentro de los videojuegos de puzles.
Por si alguien se ha perdido, una escape room es un desafío en el que el jugador debe resolver puzles para escapar de un lugar, normalmente en un margen estrecho de tiempo. Si hablamos de videojuegos de escape room, en España todos los focos se los lleva mc2games, un pequeño estudio indie compuesto por dos personas que ha encontrado en este género el éxito, creando una sólida comunidad de jugadores que les ha permitido lanzar al mercado siete juegos en menos de cuatro años. Su historia, resumida a las mil maravillas en el canal de Leyendas & Videojuegos, debería ser de obligado visionado para cualquiera que tenga intención de hacer del desarrollo de videojuegos su trabajo.
El juego que hoy tratamos se llama The Lab – Escape Room, el proyecto más ambicioso hasta el momento del estudio asturiano Flat Cat Games. Hasta ahora, su trabajo se resumía en adaptaciones de pasatiempos clásicos: Super Jigsaw Puzzle, una propuesta de puzles de numerosas temáticas; Super Maze Labyrinth, el mítico juego de encontrar la salida a un laberinto; y el divertido Safe Climbing, una obra en píxel-art en la que se puede morir de maneras muy creativas.

Escapando del laboratorio
Las cosas como son, The Lab – Escape Room puede optar a ser de los títulos que mejor describen el contenido de un videojuego. Nos despertamos en un laboratorio de esos en los que parece que alguien juega a ser dios y descubrimos que estamos atrapados. Nuestro objetivo será, por supuesto, escapar. Con vida si es posible porque todo parece indicar que un peligroso monstruo anda suelto.
Las escape room no tienen porqué ofrecer al jugador un complejo argumento lleno de capas y matices: basta una premisa que ponga al protagonista en una situación de peligro inmediato de la que quiera escapar. The Lab – Escape Room es un ejemplo algo extremo: el hilo argumental es secundario, hasta el punto que termina por darnos igual lo que está pasando, y todo el protagonismo lo acaparan los puzles.
Empezaremos por escapar de la sala en la que nos despertamos, algo que no debería llevarnos demasiado tiempo si ya estamos familiarizados con este tipo de videojuegos. Después pasaremos a una habitación más grande y, cuando resolveremos los rompecabezas correspondientes, se nos abrirá casi todo el laboratorio y tendremos a nuestra disposición numerosas estancias, cada una con sus propios puzles a resolver. Los puzles no reinventan el género, pero tampoco decepcionan y no son para nada sencillos. Más de una vez he tenido que pulsar el botón de ayuda que ofrece el juego e incluso he tenido que mirar la guía (más veces de las que me gusta admitir).

Algunos puzles requerirán de observar el escenario con atención, un buen número serán de lógica, algunos juegan con los números y las matemáticas, otros que seamos capaces de razonar desde diferentes puntos de vista, pondremos a prueba también nuestro oído musical, etc. Individualmente, estos desafíos son satisfactorios y me he divertido mucho resolviéndolos, pero también pueden resultar frustrantes debido a que pasaremos mucho tiempo corriendo de un lado para otro intentando comprender lo que tenemos que hacer. The Lab – Escape Room no es un juego que dé explicaciones al jugador, el cual tendrá que intuir el funcionamiento de casi todos los rompecabezas gracias a indicios que, bajo mi punto de vista, son confusos y fáciles de pasar por alto.
Al final, toda la trama del laboratorio parece una excusa para ofrecer al jugador un interesante número de rompecabezas que resolver, sin importar demasiado el orden o la temática; lo cual no es malo necesariamente, pero en lo personal aprecio más el videojuego que busca una mayor cohesión entre su narrativa y rompecabezas. Que el apartado gráfico sea tan genérico y que el sonoro tenga tan poca presencia tampoco ayuda a que prestemos atención al pobre argumento.
Conclusión
The Lab – Escape Room no sorprende, pero tampoco decepciona. Los puzles diseñados por Flat Cat Games son un interesante desafío para novatos y expertos en el género a los que sólo les ha faltado estar rodeados de una trama con más presencia y de un escenario de aspecto menos genérico.
Autor
Pese a mi continua obsesión con la literatura, los videojuegos y el deporte, logré acabar mis estudios de filología. Resido en Italia y adoro la pizza.

