Call of the Elder Gods no busca impresionarte a base de tentáculos y horror cósmico. Lo que propone es algo mucho más acotado: una aventura construida alrededor de la curiosidad, la incomodidad y la sensación constante de que existe algo enorme escondido justo fuera de tu alcance.
Visualmente es precioso. Sonoramente sabe envolver cada escena. Y sus puzles consiguen algo difícil: hacer que pensar y observar formen parte natural del misterio.
Puede perder algo de ritmo en ciertos momentos y algunos acertijos pueden ser muy enrevesados para aquellos no tan duchos en este tipo de juegos, pero incluso ahí mantiene un nivel casi impecable.
Y cuando termina, note quedas pensando en monstruos ni sobresaltos.
Te quedas pensando en preguntas suspendidas.
En símbolos.
En puertas semiabiertas.
Y en esa incómoda sensación de que quizá las cosas habrían podido ser diferentes con las elecciones adecuadas..
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