Información / Sinopsis
Historia
CAPÍTULO 1: «LA CONSPIRACIÓN»
El Duque Benito Amenos, heredero de la gran casa de Salvalamalvadetierra no estaba pasando por su mejor momento. Incapaz de controlar su irreprimible afición por los conguitos de sandía, estaba dilapidando toda la fortuna que los Salvalamalvadetierra habían atesorado durante siglos, desde que su antepasado Victor Alberto de Saavedra descubriese el legendario Tesoro de la tribu africana de los Jamacucos (provincia de Badajoz) y lo invirtiera todo en una naviera, unas explotaciones mineras, y una agencia de citas por carta.
Tal era su estado ruinoso, que todas las obras de arte y objetos de valor de su enorme mansión habían ido desapareciendo poco a poco, y ya no quedaban más que telarañas. También había tenido que prescindir del servicio, que en sus mejores años estuvo compuesto por 101 empleados. La mitad se había marchado con viento fresco, y la otra mitad pululaba aún por la enorme mansión reclamando sus finiquitos.
El único que aún le era fiel era Leovigildo, su mayordomo. El pobre había nacido ya siendo mayordomo, pues su padre, y el padre de su padre, habían sido ya mayordomos de los Salvalamalvadetierra… así que el pobre lacayo no conocía otra vida, y por tanto no ansiaba nada más.
La Duquesa, la bella y alta dama Doña María Antonieta estaba un poco hasta el jigow de que el pánfilo de su marido dilapidase toda la fortuna familiar, así que decidió tomar cartas en el asunto y empezó a conspirar. La única posesión que les quedaba, a esas alturas, era la propia mansión. Como el Duque era tan increíblemente inepto, guardaba las escrituras en su despachito, ¡y además pero olvidó firmarlas!. Sólo tenía que conseguir los papeles, estampar su firma, y podría botar al Duque y quedarse con la mansión.
Sin embargo, como ella es una mujer de alta alcurnia, decidió enviar a hacer el trabajo sucio al pobre Leovigildo quien, para más inri, estaba profundamente enamorado de ella. Leovigildo había podido colarse varias veces en el aposento privado de la Duquesa (que se abría accionando un misterioso artefacto situado en la cómoda de su dormitorio) y sabía que allí guardaba una botella de cloroformo. Más de una vez había fantaseado con dormir a la Duquesa con el cloroformo, raptarla, llevarla al bosque, y demostrarle allí su amowr.
En el papel de Leovigildo, debes elegir qué harás… ¿Intentarás llevar a cabo tu plan de raptar a la Duquesa? ¿Le harás caso y le llevarás las escrituras para que pueda salirse con la suya? ¿Harás las dos cosas a la vez? ¿Ninguna? ¡¡Tú decides!!
CAPÍTULO 2: «LA HUÍDA»
Al final Leovigildo decidió hacer las dos cosas: le consiguió las escrituras a la Duquesa pero, además, se llevó escondido tras la espalda el bote de cloroformo. Al descubrirlo (Leovigildo era bastante torpete), la Duquesa se enamoró perdidamente del lacayo – por alguna extraña razón. Cosas de duquesas. Este repentino ataque de amowr le nubló un poco el juicio, no pudo contenerse, y se lanzó a los brazos de su nuevo amante. El duque, alertado por los chancletazos, irrumpió en los aposentos privados de la duquesa y los pillo in fraganti.
La Duquesa y Leovigildo, con lo puesto (más las preciadas escrituras) salieron corriendo, saltaron por un ventanuco, y se perdieron por el bosque. Aunque el denso matojal estaba plagado de bichos, la Duquesa parecía tener bastante claro que quería cruzarlo. Parecía perseguir algo, como si tuviese algún plan oculto en la manga.
Leovigildo, en plan adalid, le abriría paso… ¡A cajazos!
CAPÍTULO 3: «EL CIRCO»
Tras cruzar el bosque, Leovigildo y la Duquesa llegaron a la explanada del circo Europa. Allí, María Antonieta le explicó al mayordomo sus verdaderos planes para el mal: ¡Siempre había soñado con dominar el universo y convertirse en toda una Evil Overlady!.
Leovigildo lo flipó un poco cuando la Duquesa empezó a meterse por debajo de la carpa del circo. Conocedor de la legendaria «ira del circense», intentó detenerla. Ella se zafó, diciéndole que era muy importante llegar a la cabina del circo, que es el lugar desde el que se controlan los circos. Ese es el primer paso para dominar el mundo – ¡¡todo el mundo lo sabe!!
Extrañado, pero muy enamorado, Leovigildo decidió seguirla. «Esta vez me encargaré yo», le dijo la Duquesa, «de jóven trabajaba en un circo y me sé mover por este ambiente. En mis años de juventud me conocían como Lady Potoña, y era muy famosa. Fue entonces cuando el duque me descubrió y me quitó de trabajar. Me dejé enamorar por sus ojos chapatinos, sus promesas de amowr, y los acordes de su balalaika… Era jóven e impetuosa. Pero mira cómo me ha ido. «. Entonces hizo una pausa dramática y miró al horizonte.
«¡Encontraré la cabina del circo como me llamo María Antonieta de Salvalamalvadetierra!», exclamó, y desapareció bajo la carpa.
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