Información / Sinopsis
Historia
Después de recorrer todo el mundo para hacerse una bola de provecho y dejar los malos vicios (principalmente el alcohol y las hierbas de la ribera, aunque las malas lenguas hablan también de bolotas vestidas de cuero), Moggy volvió al Bosque de los Canutos y se presentó reformado ante sus amigos. Había viajado hasta el lejano Tíbet para mirarle la calva a los monjes budistas, que eso inspira mucho, y había compartido mesa con ricos jeques árabes astrónomos y filósofos, que le hablaron de las maravillas del mundo. Pasó luego un tiempo meditando sobre un ladrillo en el solar que hay detrás de mis pisos (todos los niños creíamos que era un melón porío) y finalmente se enroló en un barco y tatuó pechos de marinero durante tres años. Pero al fin había regresado.
Todos se pusieron tan contentos que montaron una fiesta como las que no se recuerdan en el jardín de la casa de Moggy y se hartaron de comer y de beber de gorra, así que al poquísimo tiempo estuvieron borrachos. Moggy el que más, por supuesto.
La verdad es que no recordaba muy bien qué pasó, pero se despertó en casa con un resacón del quince. Algo marchaba mal… Vio a sus amigos por la ventana durmiendo la mona por todo el jardín, pero había alguien más… ¡Jodó, Humphrey! ¡Está todo lleno de ranos y bichos raros! ¿Pero qué había pasado?








